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sábado, 11 de marzo de 2017

DESINTOXICACIÓN (PARTE 3): RENAL



Hablemos de Desintoxicación renal

Muchas toxinas son eliminadas a través de los riñones después de que el hígado las convierta en hidrosolubles. Los riñones son también responsables, en buena parte, de la eliminación de productos de desecho tóxicos de la descomposición de las proteínas.

Así pues, los riñones son los encargados de eliminar esas toxinas a través de su excreción en la orina. A diario, filtran alrededor de 180 litros de fluidos y producen cerca de 1,4 litros de orina al día.



Se puede ayudar a los riñones en esta función tan importante a través de la dieta, evitando un consumo excesivo de proteínas y bebiendo cantidades adecuadas de agua.

Existe el principio en la ecología del medio ambiente de que “la mejor solución para la contaminación es la dilución”. Uno de los aspectos más importantes para mejorar la desintoxicación es beber abundantes cantidades de líquidos puros, como el agua.

El agua no sólo sirve como soporte para la transformación de toxinas hidrófilas o neutralizadas; también hay una relación directa entre la cantidad de agua ingerida y la producción de orina y el movimiento de heces. A diario, deben consumirse al menos 6 vasos de líquidos y la cantidad debe incrementarse durante el verano o durante un programa de desintoxicación.

Factores de ayuda en la desintoxicación del exceso de ácido úrico

El ácido úrico es un subproducto metabólico tóxico que se almacena principalmente en el tejido de las articulaciones, causando dolor e inflamación.

Si deseamos apoyar la desintoxicación del ácido úrico (hiperuricemia, ácido úrico elevado, gota), además de beber mucha agua o zumos para ayudar a los riñones a excretar mayores cantidades de ácido úrico, es necesario mantener una dieta que evite los alimentos ricos en purinas y ácidos nucléicos.

Los alimentos más ricos en purinas son los siguientes:

- Vísceras de animales, carnes rojas, extractos de cárnicos y preparados (caldos) o concentrados, paté y foié, marisco y huevas de pescado, pescado azul y bebidas alcohólicas. Las legumbres tienen un contenido moderado en purinas (consumir tan sólo una vez por semana).


Vitamina C

La vitamina C es un moderado agente uricosúrico. Se ha demostrado que su suplementación aumenta la excreción renal de ácido úrico, tanto en pacientes normales como en aquellos con excreción inadecuada de ácido úrico e hiperuricemia.

Cuando se ingiere de manera habitual puede normalizar la homeostasis del ácido úrico y regular su concentración sérica.

Precauciones: Debido a que, en teoría, un fuerte aumento de la excreción de ácido úrico puede producir la formación de cálculos renales de ácido úrico, y también a que la rápida reducción de los niveles titulares de ácido úrico produce el paradójico efecto de precipitar ataques de gota, la administración de la vitamina C en estos casos se hará siempre empezando con dosis bajas (500 mg al día), y se irá aumentando la dosis de modo lento y progresivo durante un período de dos meses hasta alcanzar la dosis mínima que tenga la máxima eficacia. Además, por precaución, se recomienda evitar la suplementación durante las crisis agudas de gota.

Dosis recomendada: De 500 a 1.000 mg al día, repartidos en distintas tomas.


Ácido fólico

Debido a la habilidad del ácido fólico para inhibir la enzima xantina oxidasa, que es una enzima clave en la síntesis del ácido úrico, se ha investigado la suplementación con ácido fólico como un método para disminuir la producción de ácido úrico.

Un estudio clínico descubrió que las altas dosis de ácido fólicoreducían los niveles elevados de ácido úrico sérico, y que después, a la discontinuación siguió la elevación del ácido úrico sérico hasta unos niveles cercanos a los que había antes del tratamiento.

Precauciones: Estas altas dosis de ácido fólico pueden enmascarar una deficiencia de vitamina B12. Siempre que se suplemente con alguna de las vitaminas del complejo B, de forma individual y durante períodos de tiempo prolongados, es conveniente administrar el complejo B completo (por ejemplo, mediante el aporte de una fórmula multinutriente que incluya el complejo B) para evitar desequilibrios en el resto de las vitaminas.

Dosis recomendada: De 800 a 6.400 mcg al día, con las comidas.

Quercetina

La quercetina pertenece a un grupo de pigmentos solubles en agua llamados bioflavonoides. Muchas plantas, ya sean consideradas medicinales o no, deben gran parte de sus beneficios a los altos niveles de quercetina que presentan.

Por ejemplo, algunas clases de cebolla (como la roja) contienen tanta quercetina que el compuesto representa el 10% de su peso seco, siendo de este hecho de donde derivan sus múltiplespropiedades terapéuticas. Otros alimentos con niveles elevados de quercetina son las manzanas, las uvas, el brócoli o el té. Tiene la capacidad para inhibir la  actividad de la xantina oxidasa, la enzima encargada de sintetizar el ácido úrico a partir de purinas.

Dosis recomendada: De 250 a 1.200 mg al día. La administración en combinación con bromelina favorecerá la absorción de la quercetina y, además, es antiinflamatoria, lo que será de gran ayuda en las inflamaciones relacionadas con los depósitos de ácido úrico.

La dosis recomendada de bromelina es de 125 a 500 mg, 2 a 3 veces al día, fuera de las comidas.

Aceite de pescado (aportando EPA)

El aporte suplementario de ácido eicosapentaenoico (EPA) es de gran utilidad para el tratamiento de la gota. El EPA limita la producción de leucotrienos proinflamatorios, que son los mediadores de una parte importante de la inflamación y la lesión tisular que se observa en la gota.

Dosis recomendada: 10 gramos (aportando 180 mg de EPA y 120 mg de DHA por gramo) de aceite de pescado o el equivalente necesario para aportar 1,8 gramos de EPA al día, con las comidas.


Plantas diuréticas

Las plantas diuréticas incrementan el flujo de orina. Entre las más empleadas, se pueden destacar las siguientes:

Perejil (Petroselinum sativum), la cola de caballo (Equisetum arvense L.), el diente de león (Taraxacum officinale), la ortiga(Urtica dioica), el apio (Apium graveolens), y la esparraguera(Asparagus officinalis).

Lo más destacable de estas plantas es que suelen producir una excreción, principalmente de agua, sin que generalmente se vea aumentada la eliminación de iones. Estas plantas presentan una acción suave y cuantitativamente inferior a la de los diuréticos de síntesis.

El uso de plantas con actividad diurética está especialmente indicado en los siguientes casos:

• En afecciones bacterianas e inflamatorias de la pelvis renal y de las vías urinarias bajas. Los expertos recomiendan combinar plantas con acción antiadhesiva frente a patógenos (arándano rojo), antiséptica urinaria (por ejemplo, gayuba, enebro, sello de oro, equinácea y extracto de semilla de pomelo) y las propiamente diuréticas (por ejemplo, perejil, diente de león, ortiga, grama de las boticas, ulmaria y maíz) para lograr una mayor eficacia. Es imprescindible la ingesta de abundante líquido (se sugieren de 1,5 a 2 litros de agua al día).

• En la prevención y tratamiento de arenillas y cálculos urinarios.

• En infecciones de las vías urinarias que cursen con fiebre, en el tratamiento con citostáticos y en caso de hipertensión arterial. Su uso está indicado como coadyuvante.

• En los regímenes de adelgazamiento. Se utilizan como tratamiento coadyuvante por beneficiar la eliminación de líquidos.

• En casos de hiperuricemia/gota. Se utiliza como coadyuvante del tratamiento de base, con el fin de favorecer la diuresis y la eliminación mediante la orina del exceso de ácido úrico.

Se deberá ajustar la dosificación según la formulación y la presentación que se emplee. En todos los casos será indispensable la ingesta de mucha agua.


Sobre otras plantas

Cereza ácida/Guinda (Prunus cerasus)

Este fruto posee efectos inhibidores sobre la actividad de la xantina oxidorreductasa. Además de ser un agente hipouricémico, las guindas son especialmente ricas en flavonoides antocianinas que poseen efectos antioxidantes.

Cúrcuma (Curcum a longa)

La cúrcuma ocupa un lugar destacado en la medicina ayurvédicacomo depurativo general del organismo. Contiene curcumina que, en estudios realizados en animales, ha demostrado tener efectos protectores del tejido hepático expuesto a fármacos hepatotóxicos.

La curcumina obtenida de la cúrcuma tiene una potente acción antioxidante y es un excelente apoyo nutricional a las articulaciones. Además, se ha encontrado en diversos estudios que los curcuminoides, componentes activos de la cúrcuma poseen una considerable actividad antiinflamatoria, en parte debida a su capacidad para inhibir la síntesis de prostaglandinas inflamatorias. Esta actividad antiinflamatoria será de gran ayuda en procesos como
la gota.

Dosis recomendada: De 350 a 1.050 mg al día, de extracto de raíz (estandarizado como mínimo a un 95% de curcuminoides).

Recomendación: La administración simultánea de bromelina puede mejorar la biodisponibilidad de los principios activos de la cúrcuma.

Contraindicaciones: Embarazo, obstrucción de las vías biliares. En caso de cálculos biliares, será necesario un control médico adecuado.

Harpagofito (Harpagophytum procum bens)

El harpagofito parece que interviene en el proceso de eliminación de este compuesto y por tanto puede reducir los síntomas asociados a la gota. Además, posee propiedades diuréticas que facilitan la desintoxicación.

Dosis recomendada: de 500 a 1.000 mg al día de extracto estandarizado de raíz (5% de harpagósidos), o de 1 a 2 gramos de polvo, 3 veces al día.


Autor:

Mikel García Iturrioz
Director Técnico del 


Teléfono: 943470345


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 Misohi Nutrición


lunes, 20 de febrero de 2017

DESINTOXICACIÓN (PARTE 2): INTESTINAL



Introducción: Desintoxicación instestinal

La mayor parte de la literatura sobre la desintoxicación se refiere a las enzimas hepáticas y al hígado como la zona principal donde tiene lugar la mayoría de la actividad de desintoxicación para ambos compuestos, endógenos y exógenos.

El hecho de que la superficie mucosa del tracto gastrointestinal sea la mayor superficie del cuerpo (300-400m2) en contacto con el entorno exterior (en relación con lo que ingerimos) muestra su importancia en la protección de la salud del ser humano. A lo largo de toda la vida, el tubo digestivo procesa más de 25 toneladas de alimentos, lo que representa la mayor carga de antígenos y xenobióticos a la que se enfrenta el cuerpo humano.

Además, debido a que la mayoría de los fármacos se consumen por vía oral, el tracto gastrointestinal es también el primer contacto del cuerpo con muchos medicamentos. En este sentido, no es de extrañar que el tracto gastrointestinal haya desarrollado un complejo conjunto de sistemas físicos y bioquímicos para la gestión de esta cantidad de compuestos exógenos.

La barrera intestinal

El epitelio del intestino delgado tiene una función dual: por un lado, la digestión y absorción de nutrientes; por el otro, actuar como barrera mucosa selectiva frente a los microorganismos y las macromoléculas. La función de barrera intestinal es la suma de las barreras protectoras que son responsables del funcionamiento óptimo de la pared intestinal: la flora comensal, la capa mucosa, el epitelio intestinal y el sistema inmunitario intestinal.

La función de barrera de la mucosa intestinal puede verse alterada por diferentes mecanismos, como infecciones intestinales, alteraciones de la flora intestinal normal (disbiosis), deficiencia de IgA secretora, consumo de alimentos alergénicos o de compuestos tóxicos, alcohol, medicamentos (principalmente, antiinflamatorios no esteroideos y antibióticos), quimioterapia y radioterapia, entre otros.

El incremento de la permeabilidad intestinal supone un aumento del paso de sustancias no deseadas al torrente sanguíneo, pudiendo provocar alteraciones inflamatorias e inmunitarias crónicas, tanto a nivel local como sistémico. Esta alteración se conoce como hiperpermeabilidad intestinal o síndrome del “intestino agujereado” (leaky gut en inglés) y suele ser consecuencia de alteraciones de las uniones estrechas y de la absorción paracelular.

Una permeabilidad intestinal aumentada está presente en gran cantidad enfermedades intestinales (enfermedad de Crohn, enfermedad celíaca) pero también sistémicas (artritis reumatoide, la espondilitis anquilosante, la diabetes tipo 1, la nefropatía IgA, la esclerosis múltiple, las patologías dermatológicas crónicas, el asma y diversos tipos de cánceres).


En definitiva, las infecciones, la desnutrición, la quimioterapia y otros estresores, pueden causar alteraciones de la permeabilidad intestinal normal.

Disbiosis intestinal

¿Qué es la disbiosis? Se define como cualquier desequilibrio en el número o composición de las bacterias intestinales no patógenas. ¿Y qué puede causarla? Puede ser desde un tratamiento con antibióticos, hasta una dieta desequilibrada, pasando por una infección aguda o crónica (por ejemplo, candidiasis crónica).

La alteración de la flora residente normal puede tener efectos negativos importantes para la salud. Las bacterias en el lumen del intestino constituyen una fuente continua de metabolitos derivados del intestino, que llegan a la circulación sistémica. Cuando los microbios colónicos se desequilibran, las especies que producen metabolitos desfavorables pueden surgir.

Los cambios cualitativos y cuantitativos en la flora intestinal, en su actividad metabólica y en su distribución local, es lo que se conoce como disbiosis intestinal. Entre los organismos que pueden estar asociados con disbiosis están:

- Klebsiella pneumoniae.
- Citrobacter freundii.
- Bacteroides fragilis.
- Proteus vulgaris.
- Enterotoxigenic Escherichia coli.
- Clostridium difficile.
- Campylobacter jejunii.
- Candida albicans.
- Candida tropicalis.
- Geotrichum spp.

Los metabolitos asociados con sobrecrecimiento microbiano del intestino pueden incluir:

- Arabinosa
- Benzoato
- Hipurato
- P-hidroxibenzoato
- P-hidroxifenilacetato
- P-hidroxifenillactato
- Beta-cetoglutarato
- Hidrocafeato
- Tartrato
- Citramalato.

Enfermedades

La disbiosis está implicada en la patogénesis de muchas enfermedades sistémicas (obesidad, síndrome metabólico, patología cardiovascular, enfermedad vascular periférica, asma y atopia, alteraciones neurológicas, alteraciones del metabolismo de los fármacos...) así como digestivas (enfermedad inflamatoria intestinal, patología biliar, cáncer de colon, etc.).

Para la corrección de la disbiosis se deberán seguir tres pasos:

1. Empleo de antimicrobianos naturales (por ejemplo, aceite de orégano, ácido caprílico, extracto de semilla de pomelo, etc.), con el fin de reducir el numero de flora patógena.

2. Ingesta de sustancias que favorezcan el medio ambiente adecuado para la proliferación de flora intestinal probiótica (principalmente fibra dietética con efecto prebiótico).

3. Repoblación de la flora probiótica intestinal, mediante la administración de preparados de probióticos multicepa en dosis suficientes.

En definitiva: El desequilibrio de la flora bacteriana y el aumento de la permeabilidad intestinal pueden aumentar la carga tóxica.



La desintoxicación intestinal comienza con una dieta de alta calidad. Ingerir una dieta rica en fibra es uno de los aspectos más importantes para reducir la acumulación de toxinas. Mediante la expulsión con la heces, el organismo elimina toxinas de bacterias intestinales y toxinas liposolubles excretadas con la bilis.

La fibra no digerida absorbe agua, lo que incrementa el peso y el volumen de las heces y además las ablanda. Este aumento del volumen debilita la presión intraluminal y activa la motilidad propulsiva, por lo que se reduce el tiempo de tránsito intestinal.

Asimismo, la fibra actúa como sustrato para el crecimiento de la microflora colónica, aumentando la producción de gases, como el hidrógeno y metano. Además, la fibra tiene la capacidad de unirse a las toxinas en el intestino e impulsar su excreción.

En situaciones de estreñimiento que no mejoren con la terapia habitual, se debe descartar que estén causados por sensibilidades alimentarias. También se debe recordar que, si se ingieren medicamentos, alguno de ellos puede ser la causa del estreñimiento.

Asimismo, puedes apoyar la desintoxicación intestinal mediante los siguientes complementos alimenticios:

Las fibras dietéticas solubles se disuelven parcialmente en agua. Tienen un gran poder de atracción del agua y aumentan el peso del bolo fecal. Las formas más importantes de fibra dietética soluble son la pectina, las gomas, los mucílagos y algunas hemicelulosas.

La Fibra dietética insoluble no se disuelve en agua y pasa a través del tracto intestinal sin sufrir cambios. La fibra insoluble aumenta la velocidad del vaciado gástrico, así como la velocidad del tránsito por el intestino.

Probióticos

Las bacterias probióticas disminuyen la actividad de enzimas bacterianas como la glucuronidasa, la azoreductasa y la nitroreductasa. Los probióticos son capaces de generar compuestos con actividad antioxidante, para neutralizar moléculas tóxicas. Este efecto antioxidante no sólo ocurre a nivel intestinal, sino también a nivel sistémico.

L-Glutamina

Aunque la glutamina está fácilmente disponible en las dietas ordinarias y la sintetiza el organismo, su suplementación mejora el metabolismo de la energía de la mucosa gastrointestinal, estimulando además la regeneración de ésta.

Posee efectos muy prometedores como potenciadora de la reparación del daño intestinal producido por infecciones o agentes tóxicos y, por tanto, tiene un gran potencial de aplicación para los pacientes con infección entérica, malnutrición y en los casos de enteritis provocada por quimioterapia o radición.


Plantas laxantes y mucilaginosas

- Laxantes antraquinónicos
- Aloe
- Olmo americano

Suplementos y plantas antimicrobianos y antiparasitarios

- Ácido caprílico
- Orégano
- Pau d’Arco
- Ajo
- Extracto de semilla de pomelo
- Sello de oro
- Nogal negro

Otros suplementos a tener en cuenta

- Lactulosa
- Clorofila
- Arcilla bentonita
- Carbón vegetal
- Sulfato de magnesio
- Hidroterapia del colon


En el próximo artículo, continuaremos con la tercera parte y hablaremos sobre cómo apoyar la desintoxicación renal.

Autor:

Mikel García Iturrioz
(Director Técnico de Misohi Nutrición – www.misohinutricion.com) 
Teléfono: 943470345

 Misohi Nutrición

DESINTOXICACIÓN (PARTE 1): HÍGADO



Introducción: ¿Qué es la desintoxicación?

Se entiende por desintoxicación todos los procesos por los que las toxinas se metabolizan para ser neutralizadas y convertidas en formas menos tóxicas, y posteriormente excretadas. Los principales órganos de desintoxicación son el hígado, los intestinos, los riñones y la piel. Algunas toxinas se eliminan directamente a través de uno de estos órganos, pero la mayoría debe ser previamente procesada por el hígado para su posterior eliminación.

En este artículo hablaremos en profundidad sobre la desintoxicación del hígado, uno de los órganos que más trabaja en el organismo.

Desintoxicación hepática: fundamental

A diferencia de otros órganos que reciben el 100% de su suministro de sangre arterial (“limpia”), el 75% del suministro de sangre al hígado es venosa, entregada a través de la vena porta (vena gruesa cuyo tronco está entre los músculos de la superficie interior del hígado) que procede directamente desde el intestino, el páncreas y otros órganos abdominales.

El hígado desempeña un papel esencial en la eliminación de sustancias nocivas para el organismo, como alcohol, drogas, fármacos, disolventes, pesticidas y metales pesados. Además, el hígado procesa y excreta derivados tóxicos del metabolismo normal (como el amoníaco) y las hormonas sobrantes (en particular, las hormonas sexuales, como los estrógenos).

El hígado desarrolla su labor de desintoxicación a través de 3 mecanismos:

1) Filtra la sangre para eliminar las toxinas de gran tamaño.
2) Destruye enzimáticamente las sustancias químicas indeseables. Este proceso enzimático normalmente tiene lugar en dos pasos, conocidos como Fase I y Fase II.

3) Sintetiza y secreta la bilis. Es un proceso digestivo crítico para la absorción de grasas de la dieta y los nutrientes solubles en grasa, pero también funciona como el principal mecanismo para mover las toxinas metabolizadas por las enzimas hepáticas fuera del hígado, hacia los intestinos, desde donde se eliminan a través de la defecación.

Filtrado de la sangre

Un hígado sano puede filtrar aproximadamente 1,5 litros de sangre por minuto, es decir, unos 2.160 litros de sangre al día. La vena porta lleva hasta el hígado sangre que contiene nutrientes, toxinas y otras sustancias absorbidas en los intestinos. El hígado filtra esta sangre y después la envía al corazón mediante la vena hepática.

La filtración de las toxinas de la sangre que procede de los intestinos es fundamental porque contiene altos niveles de bacterias, endotoxinas bacterianas, complejos antígeno-anticuerpo y otras sustancias tóxicas diversas.

Cuando trabaja adecuadamente, el hígado elimina el 99% de las bacterias y las toxinas de la sangre antes de que ésta vuelva a la circulación general. Sin embargo, cuando el hígado está dañado, como en los alcohólicos, el sistema de filtración no funciona correctamente y el paso de las toxinas puede incrementarse sustancialmente.

Destrucción enzimática de las toxinas

Uno de los principales mecanismos del hígado en la desintoxicación implica un proceso enzimático en 2 etapas (fase I y fase II). Mediante esta destrucción enzimática el hígado neutraliza compuestos químicos indeseables, entre los que se encuentran no solamente fármacos, pesticidas y otras toxinas del intestino, sino también sustancias químicas normales del organismo, como las hormonas y los productos químicos inflamatorios que se convierten en tóxicos al acumularse.

Fase I de desintoxicación

Las reacciones de la fase I están catalizadas por un gran número de enzimas; de las cuales el grupo más importante es la familia del sistema del citocromo P450 (CYP450), compuesto por entre 50 y 100 enzimas que están localizadas principalmente en el hígado.

De todas formas, otros órganos como el intestino delgado, los pulmones, el cerebro y los riñones contribuyen también a la biotransformación mediada por las enzimas P450 de xenobióticos y endobióticos, como las hormonas y los neurotransmisores.

Estos sistemas enzimáticos son los responsables de iniciar el proceso de transformación de la desintoxicación de los xenobióticos, como los hidrocarburos petroquímicos, muchos fármacos, y algunas sustancias endógenas (incluyendo las hormonas esteroideas y otros productos finales del metabolismo que también serían tóxicos si se acumulan).

En la fase I se producen principalmente reacciones de oxidación, reducción y/o hidrólisis, ya sea para exponer o añadir un grupo funcional, por lo general un grupo hidroxilo (-OH), un carboxilo (-COOH), o un grupo amino (-NH2). La estructura de la molécula a desintoxicar determina cual de estas reacciones se lleva a cabo.

En la fase I de la desintoxicación, cuando el citocromo P450 metaboliza una toxina, pueden suceder 2 cosas:

1) Que la transforme en una forma menos tóxica, la convierte en soluble en agua, y puede ser eliminada fácilmente a través de los riñones. Tal es el caso de la cafeína, que experimenta sólo la fase I de activación antes de ser eliminada por la orina.

2) Que el tóxico no pueda eliminarse en un sólo paso y requiera transformarse (bioactivación) en una forma intermedia más reactiva, y más disponible para ser a su vez metabolizada por la enzimas de la fase II. Esto es lo que ocurre con la mayoría de los tóxicos.

Inductores de la fase I de desintoxicación

Alimentos recomendados (que activan la fase I):

• Las verduras crucíferas (el repollo, el brócoli y las coles de Bruselas) y el ajo.
• Las dietas adecuadas en proteínas (carne, pescado, huevos o proteína vegetal).
• Suplementos de bioflavonoides cítricos (por su contenido en limoneno), a partir de la corteza de las naranjas y las mandarinas.
• Plantas que activan la fase I: alcaravea, semillas de eneldo, sasafrás, tomillo e hipérico.
• Fármacos que activan la fase I: barbitúricos, glucocorticoides, anticonvulsivos, sulfonamidas, isoniazida, rifanpicina.
• Toxinas ambientales y drogas que activan la fase I: acetona, tetracloruro de carbono, dioxinas, gases de escapes, consumo crónico de alcohol, humo del tabaco, pesticidas organofosforados, vapores de pintura, exposición a hidrocarburos aromáticos policíclicos, toxinas derivadas del intestino (por ejemplo, sobre -crecimiento de Candida albicans que origina niveles elevados de acetaldehído).
• Alimentos no recomendados (que activan la fase I): carnes asadas al carbón, dietas hiperproteicas (aportando un exceso de proteínas), grasas saturadas.
El mejor apoyo de la fase I de desintoxicación se logra al proporcionar los nutrientes necesarios y los inductores no tóxicos, evitando aquellas sustancias que son tóxicas. Sin embargo, la estimulación de la fase 1 está contraindicada si los sistemas de fase II del paciente son de baja actividad como, por ejemplo, en la Sensibilidad Química Múltiple (SQM).

Fase II de desintoxicación

Esta fase implica un proceso llamado conjugación, en el que varias enzimas hepáticas añaden una molécula soluble en agua al metabolito intermedio producido en la fase I, con el fin de incrementar aún más sus cualidades hidrofílicas (“amantes del agua”). Esta reacción de conjugación neutraliza la toxina y facilita su excreción a través de la orina o de la bilis.

Para que estos sistemas enzimáticos funcionen necesitan nutrientes, tanto para su activación como para aportar las pequeñas moléculas que añaden a las toxinas. Además, necesitan energía metabólica para funcionar y para sintetizar algunos de estos compuestos protectores.

Así, la disfunción mitocondrial, como la presente en el síndrome de fatiga crónica, una deficiencia de minerales como el magnesio o el zinc, dietas pobres en proteínas, deficiencia de vitaminas B (ácido fólico, B12, etc.) y/o la inactividad física, pueden ralentizar o incluso inhibir la fase II de desintoxicación, ocasionando la acumulación de productos intermedios tóxicos altamente peligrosos.

Nutrientes interesantes

Los sistemas de desintoxicación de fase II son especialmente dependientes de unos niveles adecuados de sustratos para llevar a cabo la conjugación de los compuestos intermedios activados. Los nutrientes más importantes para el apoyo de la actividad de la fase II son las cantidades adecuadas de proteína, con especial atención a los aminoácidos metionina, L-cisteína, N-acetilcisteína, taurina, glicina, L-glutamina, así como el glutatión y sus precursores, junto con el aporte de fuentes de sulfato y los correspondientes cofactores.

Varios alimentos y plantas han mostrado su capacidad para actuar como inductores (estimuladores) de la actividad de las enzimas de la fase II de desintoxicación. Los más estudiados son: la Curcumina de la Cúrcuma, los Arándanos y sus Antocianinas, el Té verde, las Crucíferas, el Diente de león, el Lúpulo, el Regaliz, el Romero, el Tomillo, la Aswagandha, los Flavonoides (por ejemplo, los flavonoides de la cáscara de cítricos y la quercitina), la Esquisandra, el Ajo, el Cardo mariano, la Bacopa y la Granada.


Evaluación de la desintoxicación hepática

Mientras que las pruebas complejas de laboratorio son necesarias para probar una disfunción de un sistema específico de desintoxicación hepática, varios signos y síntomas pueden darnos una buena idea de cuándo nuestros sistemas de desintoxicación hepáticos no funcionan bien o están sobrecargados.

En general, cuando se tiene una reacción negativa a un fármaco o a una toxina ambiental, se puede estar bastante seguro de que existe un problema en la desintoxicación. En algunas personas las vías de desintoxicación (fases I y II) están en desequilibrio. Si la fase I es más activa que la fase II, puede ocurrir una acumulación de metabolitos intermedios reactivos que a su vez pueden provocar daños en los tejidos y la enfermedad. Estas personas se conocen como “desintoxicadores patológicos”.

Los desintoxicadores patológicos pueden ser identificados como las personas que son altamente sensibles a los vapores, por ejemplo de pinturas y perfumes, reaccionan adversamente a diversos fármacos, y pueden beberse dos tazas de café y dormir bien por la noche.

En el próximo artículo, continuaremos con la segunda parte y hablaremos sobre cómo apoyar la desintoxicación intestinal.

Autor:

Mikel García Iturrioz
(Director Técnico de Misohi Nutrición – www.misohinutricion.com)
Teléfono: 943 570 345

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